En general, la experiencia con la escort fue algo decepcionante para la mayoría de los clientes. La calidad del servicio quedó por debajo de lo esperado: la acompañante era amable al principio pero luego se mostró muy estricta y poco proactiva, sin intentar proponer nada ni dar un buen toque a la sesión. Se quedó en la cama y “solo” aceptó lo que uno quisiera hacer sin aportar creatividad. Además, el tiempo de la cita era muy rígido; en una hora de 60 minutos salió al baño dos veces, perdiendo un par de minutos que en realidad significaron tiempo perdido. Los clientes también se quejaron de una confusión con los cargos: la escort decía que el oral estaba incluido, pero después intentó cobrar un adicional, lo que generó tensión. En cuanto al físico, la mayoría describió a la escort como “bien” y “no fea”, con una estatura de 1.5 m y una figura flaquita, lo que algunos valoraron como ideal para “cargarla”, pero no fue un punto decisivo. El patrón recurrente es que la escort no propone ni crea una experiencia memorable, y la falta de claridad en los precios y reglas de la casa generó descontento. En síntesis, no se recomienda repetir el servicio si buscas algo más interactivo y sin sorpresas extras.
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