La experiencia con la escort fue muy mala y la recomendación es cero. El cliente describió la gestión como algo de una proxeneta que le mandó un número de WhatsApp y un enlace a Telegram para ver videos. La chica, una mujer de 26 años de origen colombiano, se presenta con un físico que, según el testigo, está medio aceptable: un poco alta, con un trasero y pechos “acordes”, pero su rostro no es atractivo y su voz es “ñerita”. En cuanto al trato, la mujer parece poca comunicativa y un poco reservada; el cliente comentó que se le pidió el tipo de servicio y la encontró “poco activa”, con un trasero que se veía caído y sin tacones. El servicio de sexo oral se realizó con un condón básico y sin ganas de jugar, y la pareja mostró poco entusiasmo. El mayor problema fue la aparición de una verruga genital tras la sesión, lo que indica falta de controles sanitarios y limpieza adecuada. El cliente concluyó que la escort no realiza exámenes y que su salud es un riesgo. En síntesis, la calidad del servicio es deficiente, la apariencia apenas aceptable y la actitud poco profesional, con un alto riesgo de transmisión de infecciones. El patrón recurrente es la ausencia de higiene y la falta de atención médica, lo cual debe ser advertido a cualquier cliente potencial.