En ambos relatos la prepago (Antonella) recibe una calificación bastante baja. El tema que sale de forma recurrente es la zona y la higiene: la habitación está sucia, con perros, gatos y olores de orina y comida. Eso molesta desde el primer momento y se percibe como un punto crítico que empaña la experiencia. En cuanto a su físico, la crítica es en su mayoría positiva: cuerpo atlético, buenas nalgas, senos pequeños y una piel caucásica y bien cuidada. La edad se ubica entre 36 y 40 años y se ve una cicatriz de cesárea en la primera reseña, lo que no afecta la impresión visual. El trato inicial es amable y responde rápido, pero en el encuentro se destaca la falta de besos y de anal; el oral se realiza con condón y sin destellos de “superb” por parte de los clientes. Los servicios adicionales no se toman, porque el ambiente disuade a los usuarios. En general, la prepago es “buena” a nivel físico, pero el entorno y la falta de interacción oral/beso la hacen poco recomendable y no se repetiría.