La experiencia con la prepago fue algo intermedia. El servicio en general recibió un 8 de calidad, pero el cliente indicó que le faltó “conexión” y que la atención fue algo fría, con una espera que le resultó aburrida. Físicamente, la acompañante es bajita, de 1.60 m, muy “trosuda” con piernas gruesas y un trasero grande; el rostro se describe como de “porno” con labios gruesos y cabello corto oscuro, valorado también con 8. En cuanto a actitud, se percibe como algo normal y directa, ofreciendo información concreta y presentando la casa sin toallas ni grandes comodidades. Se negó a dar masajes y, cuando el cliente pidió orales, se exigía un pago adicional por besos. El servicio sexual fue competente: oral con condón, uso de aceite, varias posiciones y estímulo manual, aunque el cliente sintió que la prepago estaba algo dominante y “actuada”. Al final, no se mostró interesada en repetir la visita y el cliente concluyó que no recomendaría a nadie. En resumen, la prepago ofrece un físico atractivo y un desempeño sexual aceptable, pero su actitud y el ambiente no generan una experiencia memorable y la relación de confianza es limitada.